Por algún sitio hay que empezar

Filosofías de Ohlalá!

 

Un buen amigo me dijo: «Al que se queda quieto se le pegan las moscas»

Pues hoy empezaremos por espantarnos esas moscas.

Lo primero es presentarme:

Hola mi nombre profesional es Francis Fonseca y soy la cabeza pensante que hay detrás de Ohlalá! –  y… acción.

Creo que para empezar no os aburriré con temas personales, pero si os comentaré porque Ohlalá! y porqué Boudoir.

 

Si pudiera elegir entre las cosas que más me importan, sin duda, eso son las personas.

Sobre todo cómo están y cómo se sienten.

Después de llevar casi toda la vida de cara al público, ser camarera fue una experiencia que me ofreció la oportunidad de explorar íntimamente las sensaciones que provoca una persona simplemente con mirarla.

Se puede saber cómo está por casi todo lo que se pueda ver, es decir, cómo se apoya en la barra y en que parte de la barra se acomoda o con quien viene acompañado o cómo te pide lo que quiere o la forma que tiene de mirarte.

Puedes observar su pelo, su ropa, sus ojeras, su maquillaje, su sonrisa o la ausencia de ella. Esto es un poco a priori, en los primeros 30 segundos.

En esos 30 segundos puedes hacer un juicio positivo sobre cómo esta esa persona y qué necesita.

Probablemente sólo necesita un poco de charla desinhibida y amena, fuera de su rutina, pero también puede ser que necesita un hombro donde llorar, y aunque no es el momento, simplemente te quedas a escuchar, porque en realidad lo que le falta a este mundo, es escuchar y observar.

Si que es cierto el tópico de que ser camarero te da una psicología que , a mi forma de ver, todo el mundo debería experimentar antes de ser jefe, antes de montar un negocio, antes de nada, hay que ser camarero, porque eso te dará una percepción del mundo que en otros trabajos no conseguirás. Seguro que conoces al gremio de los de recursos humanos, pues este deberían ser los que más necesitan esta experiencia.

A ver que me desvío. Seguramente la mayoría de los que estáis leyendo hayáis sido camareros en algún momento de vuestra vida, y seguramente estaréis asintiendo, jejé!! Esa sonrisilla de complicidad.

Pero otros no tengáis esa experiencia. No pasa nada, hay otras formas de conseguir llegar a la gente, aunque probablemente sea un poco más complejo y tardar un poco más.

Por cierto, me lo pasé en grande cuando era camarera, de las mejores experiencia laborales que he tenido, sino tal vez la mejor, aunque currar, se curra y mucho.

Tú que opinas, has sido camarero/a? o crees que hay otro oficio que te pueda ofrecer esa cercanía a las personas?

Cuéntame, quiero saber!

Tras esta observación y análisis, muy por encima, del conjunto sobre el comportamiento de las personas y sobre acertar en que es lo que necesitan, os explicaré cómo usar esto para, en mi caso, utilizar la Fotografía Boudoir como herramienta de autoexploración y reencuentro personal.

Y os hablaré de un caso, aunque hay más, en concreto. Os hablaré, de «La chica del caballo».

«La chica del Caballo» es una chica vivaz, llena de energía, independiente, trabajadora, fuerte y sensible.

Esta chica hace unos años tubo una caída con un caballo, se lesionó y estuvo unos meses bastante fastidiada.

Con mucho esfuerzo y con miedo, pero con fuerza, volvió a montar, pero siempre tenía en mente esa pequeña barrera de desconfianza, y si me vuelve a pasar?

De alguna forma, llamarlo, la vida, la ley de Murphy, el subconsciente, no sé lo que se os ocurra, encontramos la forma de organizar una sesión en la finca de un amigo y yo elegí una Yegua increíblemente bella, pero que «La Chica del Caballo» nunca había montado por miedo a volver a tropezar.

Maaaaadre mía!!! qué sesión, que emoción!

Comenzamos un poco retraídos todos, porque además de que no estábamos solos, meter una yegua que aunque preciosa, no era mucho de fiar, era una cuestión de estar tentando al destino.

Pues sorprendentemente todo empezó a fluir, » La chica del caballo» empezó a acariciar a Shena (nombre de la yegua), a darle abrazos, a sonreírla, a cantarla con la guitarra, en definitiva, a conectar con lo que ella sabía que temía, una nueva caída.

La siguiente parte de la sesión fue en terreno para montar. Y aquí se evidenció el temor de «La chica del Caballo», se la notaba tensa, espalda y mentón rígidos, con la mirada fijada en el crin del caballo, con las manos fuertemente agarradas a las correas de la cabezada.

Fue difícil conseguir que se relajara, pero una vez que bajo del caballo, en plan amazona, con esa melena rubia brillante, mientras el sol dorado acariciaba su rostro, se vio, se encontró, lo consiguió.

A acababa de lograr montar a una Yegua a la que tenía pánico porque nunca se había atrevido a montarla.

Ese rostro de felicidad, de alivio, de regocijo, de orgullo, eso, eso es lo que marca la diferencia y es lo que hace que trabajar en Ohlalá! merezca la pena.

Pues eso es lo que Ohlalá! pretende conseguir.

Ohlalá! quiere una excusa para que te enfrentes a tus propios temores, inseguridades, que les eches frente, que te mires, que te observes, que te encuentres y la Fotografía Boudoir es una de las mejores excusas para hacerlo.

La fotografía Boudoir no es una fotografía donde debas ir en ropa interior, ni tampoco pretende ser una cura para el alma, pero si que puede ser un buen comienzo para enfrenarte a tus miedos, es decir, si tu preocupación es tu físico, mirarte en el reflejo de otros ojos, es sin duda una buena forma de enfrentar la inseguridad.

Creo que en realidad la amabilidad, el respeto, la entrega, la escucha activa, prestar atención al que esta enfrente, eso es lo que importa.

Importas tú, tu historia, lo que sientes, tu esencia… es que esto, es poder.

Es seguridad, fuerza y confianza.

 

 

Y tu, ¿a que tienes miedo?

¿Crees que te has perdido en algún momento?

¿Cómo crees que debería ser tu sesión para poder conseguir superar esas barreras que tanto miedo te dan?

 

Y hasta aquí el post de hoy, el primero, pero no el último.

En el próximo hablaremos de más cositas de Ohlalá!

Millones de asuntos que aclarar, que contar, que vivir, Que Experimentar!

 

 

 

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